Frío

Sangre helada, frío en las venas,

el frío de la última esperanza muerta.

La lluvia de dolor que me cubría,

no es más que sal que quema y hiere

mi ensurcarda piel de amargura.

Arena que espesa mi sangre y entorpece mis latidos,

reza tu última plegaria, pues ¡Hacia el viento voy!

Lo vi hambriento, esperando con sus brazos de brisa y tormenta.

Serás el último huésped entre mi piel y mi herida.

¡Hunde el puñal a prisa!

que el viento inmisericorde te azotará más hondo de lo que me azotas ahora.

Agarra bien estas heridas,

pues serán las últimas que te haga probar mi piel.

 

Deja

Si es que aún nos miramos,

deja que el silencio calle.

Tu verdad ya fue develada…a gritos.

Deja la plaza vacía,

deja jugar a los niños,

que las lágrimas rueden de manos atadas,

que rían el final de su pozo.

Soy yo quien le cierra la puerta a este lodo prestado,

soy yo quien convence a mis ojos

y a mis manos

en

caer

y

caer

y nunca llegar.

Reflejo

¡Cuánto polvo reflejo!

Cuántos girasoles dormidos en mis ojos.

¿Qué timbre dibujo en el silencio?

¿Qué camino se extravió a mis pies?

Si el tic tac de este espejo rompiera la tortura del tiempo,

quizás vería el horizonte marfil.

¿Qué paraiso abrojo engaña al corazón?

¡Cuanta ponsoña embriagando mi copa!

Alegrando mentiras vestidas de noche.

Al vacio…

Amor de un día, una hora, un camino
¿Por qué detienes tu paso?
¿Por qué reposas tus sienes fieramente al trino?
Al trino escarpado del mar.
No detengas tus alas cuando hay cielo de sobra,
siente el azul que sangra en la mirada,
que azula el horizonte como los faros que no vuelven
y escarchados se evaporan.
¡Devuelveme la voz!
La última cuerda ya esta en silencio.
¿Quién me arranca este sueño tatuado a mi pluma?
¿Quién a tus labios teñidos al viento?
¿Quién a esos ojos? ¡Oh sol!
Dos noches fragantes de arena.